La palabra networking a veces suena a discursos preparados y contactos que se acumulan. Pero su versión más valiosa puede empezar de una forma mucho más simple: una ronda de mate, algo rico para compartir y una conversación sin apuro.
Eso fue lo que vivimos en la Mateada x Builder House, el domingo 23 de agosto en Buenos Aires. En la última actividad de la casa conocimos gente, nos reencontramos con amigos y viejos conocidos, y compartimos una tarde que se extendió alrededor del fuego.
Networking sin un pitch
Hacer networking no es solamente conocer a alguien que pueda abrir una puerta. Es crear y cuidar puentes.
Algunos nacen en una charla entre personas que nunca se habían cruzado. Otros se reactivan cuando volvemos a ver a alguien después de un tiempo. En la mateada pasó un poco de todo: hablamos de proyectos y experiencias, pero también de las historias, preguntas e intereses que existen alrededor de ellos.
El contexto ayudó. No es lo mismo presentarse frente a una sala que sentarse cerca del fuego, pasar el mate o acercarse a probar algo de la mesa. La pregunta deja de ser “¿a qué te dedicás?” y puede convertirse en “¿qué estás construyendo?” o “¿qué aprendiste estos días?”. Son preguntas que abren conversaciones, no solamente perfiles profesionales.

La última tarde se hizo noche entre charlas, mate y algo rico para compartir.
Ampliar el mapa y volver a encontrarse
Las personas cercanas suelen compartir buena parte de nuestras referencias. Alguien que viene de otro proyecto o comunidad puede acercarnos una perspectiva que todavía no habíamos considerado. Es el valor de los vínculos débiles: conectan círculos diferentes y ayudan a que circule información nueva.
Reencontrarse también importa. Los vínculos dormidos conservan algo de la confianza construida antes, pero suman todo lo que ambas personas aprendieron durante el tiempo sin contacto. Un “qué bueno volver a verte” puede alcanzar para retomar una conversación valiosa.
Nada de esto garantiza un trabajo, una inversión o un proyecto. El beneficio más inmediato es más humano: escuchar mejor, ampliar la mirada y construir confianza con el tiempo.
Lo que sigue después del encuentro
La foto o el contacto agregado no son el final. Son apenas una referencia para continuar la conversación. Algunas acciones simples ayudan:
Escuchar lo suficiente como para recordar un proyecto, un desafío o un interés.
Presentar a dos personas cuando puede haber una conexión útil entre ellas.
Retomar la charla con un mensaje breve y específico.
Volver a participar: la confianza también crece al encontrarnos más de una vez.
El respeto, la empatía y la inclusión también son parte de esa construcción. No son un detalle del código de conducta: son las condiciones que permiten conversar y sentirse parte.
Lo que me dejó la mateada
La Builder House cerró sus puertas con una tarde tranquila, pero las conversaciones no tienen por qué terminar ahí. Me quedó una idea sencilla: hacer networking de verdad es interesarse por las personas antes que por lo que pueden ofrecer.
En el próximo encuentro, la propuesta puede ser igual de simple: hablá con alguien nuevo, recuperá una conversación pendiente y después mandá ese mensaje que permita continuarla.
